
Recidiva, cien años después...
la herida que cerró en falso
se vuelve a abrir
y a verter sus puses
y sus pueses
y sus peros
en la piel de otros.
Como si nada pasara
y como si no hubiera pasado
ni el tiempo ni aquel dolor
profundo, hiriente,
reprimido, disimulado, escondido
ahora brota como
renace la zarza junto al pilillo
cenagoso y cegado y seco ya,
quizás agonizante
quizás eterno
en silencio.
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