En diferentes ocasiones me han pedido fotografías.
-¡Oye ! ¿No tendrás una foto de esas tuyas por ahí?
Ahora lo veo de una manera un tanto personal y peculiar. Como creo que ya he dicho, las fotografías en general, no se valoran. Menos aún se valora a las personas que las hacen. Si no son ni profesionales ni famosos la cosa se pone peor todavía.
Se piden y, si se consiguen, se usan con total libertad. Lo de reconocer la autoría en muchos casos ni se plantea. Son los problemas de no mantener una estrategia estricta y de carecer de una "política" comercial tan clara como contundente.
Pero hay más, mucho más. La Fotografía es un lenguaje. No se estudia pero se va aprendiendo de forma aparentemente espontánea. No se trabaja en su justa medida en las escuelas, institutos o universidades salvo las siempre honrosas excepciones o las típicas asignaturas, cursos, seminarios o carreras en plan muy específico.
Así las cosas es como si se aprendiera a hablar pero no se estudiaran ni Lengua ni Literatura. ¿Se valoraría la obra de los escritores?
Además, las propias instituciones suelen usar mal esas obras -porque las fotografías son obras, trabajos, productos...-y lo mismo hacen muchas empresas incluyendo las televisiones.
Así que no es de extrañar que se pidan fotografías como se pide fuego o se pregunta por una calle. Lo cierto es que si se piden fotografías lo normal es dar una explicación. A veces ocurre que no se quiere escuchar nada que no sea un sí en cuyo caso es inútil intentarlo. También ocurre que, ante la explicación pertinente, se produce una especie de rechazo automático que no se suele verbalizar.
-¡Sí hombre!, ¡a tí te voy a comprar yo fotografías...! ¡y a dar dinero y fama, en eso estaba yo pensando...! si no tengo más remedio, pagaré... pero a otro... -deben pensar algunas personas.
Pasa el tiempo. Quizás alguna de esas personas haya necesitado fotografías y quizás las haya comprado a otro fotógrafo. Evidentemente, no te las compró a tí (osea a mí) pero no pasa nada. Quizás por esa imprevista dificultad se haya perdido la posibilidad de adquirir un producto que podría haber resultado interesante, quizás se haya perdido algo para siempre, quizás el ahorro haya sido en realidad un derroche o una pérdida pero ...
Lo curioso es que, detrás de esas negativas a pagar, poner un nombre y apellidos junto a un trabajo, reconocer el quehacer de álguien...hay otros sentimientos no confesables...
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